El ego como obstáculo para la práctica

Como maestro de yoga, he tenido la oportunidad de ver la práctica de muchos alumnos: sus dificultades, sus logros, sus miedos. El podio se convierte en un mirador a través del cual conocemos, en un proceso gradual, a los practicantes. Cada persona es diferente, hay una serie de experiencias y condicionamientos que hacen de cada persona un auténtico individuo. Por ese motivo, es un error caer en vanas generalizaciones que pretendan englobar la totalidad de los alumnos. No obstante, hay ciertos patrones compartidos entre las personas que pueden indicar una tendencia, si no general, por lo menos ampliamente asumida.

Vicente

     Uno puede ver, por ejemplo, el hábito colectivo que los alumnos tienen de beber agua antes de la posición del triángulo o de esperar algunos segundos antes de agarrar su pie para hacer de pie frente a la rodilla. Si bien estas actitudes pueden considerarse benignas o intrascendentes, hay una en particular que he detectado y que considero muy perjudicial para el alumno: utilizar la práctica como un medio para reafirmar el ego ¿Qué se quiere decir con esto? Básicamente, hacer del yoga un ritual que, antes de brindar el bienestar mental y espiritual que ofrece, brinde la ilusa satisfacción de ser capaz de hacer más de lo que uno en realidad puede.

   Vicente  Muchas veces en el podio, mientras digo las instrucciones para hacer de pie frente a la rodilla, veo a practicantes que patean la pierna sin tener la rodilla bloqueada. Algunos de estos alumnos, a pesar de ser corregidos, insisten en seguir pateando sin bloquear la rodilla ¿Por qué lo hacen? Algunos quizá porque aún no entienden el concepto o no han desarrollado la coordinación corporal necesaria, pero yo creo que muchos lo hacen por miedo a encarar la realidad, por no querer aceptar que aún son incapaces de llegar a esa etapa de la postura. Estos casos no se limitan a la postura antes mencionada, son el resultado de una incomprensión sobre el proceso gradual que TODO yogi debe seguir.

     Regresar a un punto anterior de una postura cuando se está cometiendo un error no es un retroceso, es la condición necesaria para empezar a progresar en la práctica. La profundidad de una asana deriva del esfuerzo y del paso del tiempo, pero también de la correcta alineación del cuerpo en una postura. Cuando se está bien alineado, el cuerpo utiliza los músculos y articulaciones necesarios para hacer la postura, para mantenerla y para profundizar en ella. Si en de pie frente a la rodilla no se tiene la rodilla bloqueada, no se están utilizando –y por tanto ejercitando- algunos de los músculos en las piernas y caderas necesarios para hacer las etapas más avanzadas de la postura. A todo esto se agrega la variable del riesgo; si uno utiliza partes del cuerpo que no están diseñadas para trabajar de esa forma se pueden generar lesiones.Vicente - Camello

Por lo tanto, es importante que uno tenga la humildad para reconocer hasta dónde es capaz de llegar cada día. A partir de ahí, se puede trabajar con el objetivo de mejorar, pero siempre teniendo en mente lo gradual del proceso y la importancia práctica de ser paciente. Esto no quiere decir que uno debe resignarse a su estado actual. Uno debe reconocer su situación actual para poder modificarla. El progreso es el resultado de una práctica sostenida y bien hecha, no de una quimera impuesta por nuestro ego.